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SAN JOSÉ, MODELO DE VIDA CRISTIANA

"José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto."  Mt 1, 19

En una solemnidad como la de hoy es esencial reconocer el valor y el papel de San José, no sólo como patrono de la Iglesia Universal tal como lo proclamó su Santidad Pio IX, sino como modelo de vida cristiana al identificarle como “hombre justo”.

Partamos del hecho que de San José no se sabe nada más que lo narrado por los evangelios, no hay una biografía escrita por los hombres, y lo descrito en la Sagrada Escritura se limita a definirlo como “justo”.

Esta justicia la podemos vislumbrar desde virtudes como: la humildad, la prudencia y la castidad, que conforman el modelo vivo de un Santo de Dios.

En primer lugar, la humildad es el signo que caracteriza a los bienaventurados de Dios, esta virtud es la condición esencial para contemplar el paraíso eterno. San José la ejerció de forma magnánima, al someter su entendimiento tras no comprender el misterio de la encarnación (Mt 1, 18), al obedecer prontamente a la voz del ángel que le invitaba a huir a Egipto junto con su Santa Esposa para librar el Divino Infante de las manos de Herodes (Mt 2,13), o al ser dócil al enviado del Señor, que tras la muerte de Herodes le invitaba a regresar a Nazaret su lugar de origen (Mt 2,19-23).

 De igual modo, podemos destacar en segunda instancia, la prudencia, virtud que hace que el hombre no se busque así mismo, sino que se encuentre en búsqueda permanente de la gloria de Dios. San José le llevó a cabo durante toda su vida, ya que es la misma prudencia la que le conduce a repudiar en secreto a su Santísima Esposa al verle en cinta (Mt 1, 19). Esta prudencia le lleva a ser silencioso y coherente, tal como lo afirma San Juan Pablo II: “El silencio de José posee una especial elocuencia: gracias a este silencio se puede leer plenamente la verdad contenida en el juicio que de él da el Evangelio: el «justo» (Mt 1, 19). (RC,17)”

 Finalmente, es fundamental centrar nuestra mirada sobre la castidad de San José, castidad que no se reducía al cuerpo, sino que trascendía a la memoria, al entendimiento, a la voluntad. Castidad que hizo de San José Padre del Divino Redentor y esposo de la Inmaculada Virgen María, pues Dios le prefigura en pureza y castidad total, para que así sea digno compañero, custodio y protector de la Sagrada Familia de Nazaret.

Es así como San José, aunque silencioso en palabras, con su elocuencia y su virtud obra profundamente en la vida de la Iglesia y de las familias cristianas. Por esta razón, les invito a vivenciar esta solemnidad como muestra viva de amor, para que a ejemplo de San José lleguemos a ser modelos vivos de justicia y santidad.

Seminarista Adenawer Londoño,II de Filosofìa.

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