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EVANGELIO SEGÚN MARCOS

Este evangelio ha sido uno de los más importantes descubrimientos en la investigación crítica del Nuevo Testamento. Desde que al Evangelio de Mateo se le concedió un lugar preferente en la vida de la Iglesia, realidad acontecida de manera muy inmediata, el evangelio de Marcos pasó a un discreto segundo plano, pues se llegó a pensar que era simplemente un resumen de Mateo y Lucas. Esta posición cambió cuando, a comienzos del siglo XIX se planteó la hipótesis sinóptica, la cual intentaba explicar las semejanzas y diferencias existentes entre los tres primeros evangelios.

Muy pronto se llegó a la conclusión que Marcos era el más arcano y que tanto Mateo como Lucas, lo habían utilizado en la composición de sus respectivos relatos sobre Jesús. A partir de aquí, los estudios sobre Marcos han ido revelando la sorprendente riqueza y originalidad de este evangelio. Hay que considerar, entonces, que Marcos no sólo es el evangelio más antiguo, sino el que puso las bases para transmitir de una forma nueva los recuerdos sobre Jesús. La novedad y originalidad de Marcos, que todavía seguimos descubriendo, sólo se entiende bien cuando se conocen las tradiciones que éste utilizó, cómo las incorporó en su relato y cuál fue la forma final que dio a su obra.

La tradición identifica a Marcos, autor del evangelio, con Juan Marcos, sobrino de Bernabé, que acompañó a Pablo en sus viajes apostólicos (Hch 15,37-39) y que habría acompañado a Pedro en su predicación en Roma (1 Pe 5,13). Siendo este evangelio anterior a san Mateo y san Lucas; su fecha de composición suele situarse en torno al año 70 d.C., cuando todavía estaba en vida la generación apostólica.

El escrito se abre con las siguientes palabras: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (1,1). Estas contienen ya en sí mismas un avance de los que significa  evangelio (buena noticia) y de su contenido, que es la persona de Jesucristo Hijo de Dios. Este contenido teológico que inaugura la obra se ratifica en el relato de la pasión: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (15,39).Pbro. Jesús Antonio Ocampo

 

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