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MARÍA, LA CALLEJERA DEL ANUNCIO DEL AMOR

“Entonces María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte: Bendita Tu entre las mujeres y Bendito el fruto de tu vientre”. Lucas 1, 39-43. Callejear a Jesús, el Amor de los Amores, halla un lugar adecuado en las acciones de su Santísima Madre. Este texto nos relata con exactitud que María se desacomoda, ella a quien le fue anunciado el don invaluable de la Maternidad Divina, sale a pregonar al mundo las maravillas y el amor de un Dios, que se hace cercano por amor a los hombres, en su infinito deseo de salvar, redimir y liberar.

Una mujer, llena de virtudes, tal adorno que el mismo Eterno Padre, infundió en ella, para prepararla como morada límpida de su amado Hijo. Cuando se desea hablar de María, es muy fácil recurrir a distintas denominaciones, tales como: donación, obediencia total y firme, ternura, caridad, servicio, fortaleza y esperanza en el buen Dios. Su amor hacia Dios, no tuvo límites, sobrepasaba con fe todo obstáculo para dirigir su vida por el camino del cielo. Ella, la favorecida del Señor no puede callar, ni quedarse quieta, es por eso que no toma su misión de Madre en gestación como princesa, la cual tiene que ser servida, por el contrario, se muestra disponible para siempre servir en la caridad y el amor, para glorificación de su Dios.

En conclusión, María es la mujer que con prontitud va de prisa, siempre obedeciendo a la Palabra de Dios, ella la que no se detuvo a pensar en los peligros que le asecharían en el camino, más bien se armó de mucha valentía para visitar a su prima, según la insinuación del ángel, en el momento de la Anunciación. María es la gran misionera del Amor, es llamada la Custodia viva. Su alma y todo su ser, había sido tocada por el que vino a servir y no a ser servido y optó por seguir sus pasos, no obstante, también quiso manifestarnos  los diferentes obstáculos que pueden impedir el trabajo para Dios y de esta manera, se convierte en espejo, ejemplo y camino a seguir.

 

Fabio Méndez

Seminarista de II de  Filosofía.

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