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LA VICTORIA DE LA CRUZ

A lo largo de la historia del cristianismo la cruz ha sido un signo indeleble de nuestra identidad y de nuestra fe, es por eso que resulta fácil identificar a un creyente cuando es cristiano, ya sea por una cruz que cuelga en su pecho, o cuando traza el signo en su frente, o  cualquier forma de manifestación piadosa por imágenes, entre otras muchas. Pero realmente ¿cuál ha sido el triunfo de la cruz en los cristianos? Con ella ha sido plasmada la gloria de Redentor, en ella surgió una nueva vida que con su esplendor manifestó el deseo de estar adheridos a la Gloria del Padre, por ella se dio muerte al pecado y al odio, muestra de eso se nos habla en la Carta a los Colosenses 2:14 “Canceló la deuda de cargo que había contra nosotros (…) y la suprimió clavándola en la cruz”. Pero el triunfo de la cruz no es en cuanto a ella sino en quien está sobre la misma. El redentor de mundo al morir en la cruz irradia la benevolencia del poder de Dios en medio de la miseria y limitación del hombre, por ende, la cruz es el medio por el cual nuestra humanidad queda impregnada de la majestuosidad de nuestro Señor.

El profeta Ezequiel nos narra como Yahveh le pide ir por toda Jerusalén marcando una cruz, para así curar al hombre de sus abominaciones y flagelos que producían llanto (cfr. Ezequiel 9,4), de tal modo la cruz ya desde tiempo anteriores al de Cristo, prefiguraba su significado, el de ir en contra de la oscuridad producida por el pecado, con ella toda guerra queda vencida, especialmente la del odio que esclaviza y no da libertad. Así pues, con la cruz de Cristo se da la plena liberación del poder del mal en la humanidad, puesto que por ella la salvación brotó como destellos de una misma gloria, esa gloria que estaba suspendida cumpliendo el mandato divino de su Padre que con anhelo inefable le respaldaba en su misión.

El corazón herido en la cruz -siendo el corazón del Rey de Reyes- por la misma herida se abre a la humanidad como puerta de entrada a la salvación eterna prometida desde antes, por esta misma herida bañada de  sangre y dolor, se abren los ojos de los orgullosos al contemplar en el trono (la cruz) a quien sigue dando la vida por todos, es por esta donación que todo cobra sentido, el dolor y la angustia, y aún más, es por el triunfo del Rey que la Cruz, vence; basta solo hacer propias las palabras del evangelista para poder llevar a plenitud la misión redentora y victoriosa del Madero donde se posó el salvador “El que no lleve su cruz y vega en pos de mí, no puede ser discípulo mío” Lucas 9,23.

 

Por: Bismarck Escobar Rada

Seminarista I Teología

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