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LOS ESTIGMAS Y SU SIGNIFICADO EN LA VIDA CRISTIANA

Lo primero que habría que decir es que por ser un fenómeno extraordinario, sobrenatural no agrega nada a la fe de un cristiano católico con buenos cimientos, es decir, que tenga su fe fundamentada en la Sagrada Escritura, la tradición y que atienda a lo definido por el magisterio de la Iglesia, las cuales son las bases teológicas que cimientan la fe en Jesucristo y su misterio pascual, eje de toda la vida cristiana. De acuerdo a lo anterior, se deduce que este tipo de manifestaciones o revelaciones hacen parte de lo que la Iglesia denomina como revelaciones privadas, que no son dogma de fe y que no “obligan” en ningún sentido a ser creídas; sin embargo, se puede decir que ante circunstancias de todo orden, relacionadas con la no creencia y con el rechazo craso de la fe por parte de muchas personas, en épocas y lugares determinados, ha sido muy valioso el que ha una persona, que dados todos los atenuantes, se le considera “virtuosa, probada en el dolor y convencida de la fe”

 

Y es valioso ese testimonio en el sentido de que los estigmas en un plano histórico y probado se han manifestado solo en poquísimo casos, comparado su número con la multitud de santos de la Iglesia católica y más aún con el sinnúmero de católicos en toda la historia. Casos reconocidos por la Iglesia, de los cuales cabe mencionar a San Francisco de Asís, Santa Brígida, San Pío de Pietrelcina; personas que han dejado un legado y son un modelo, una vara de medida para cualquier cristiano y por ende, a todas luces, de carácter valioso en el deseo de querer imitar a Jesús.

 

Como tal por estigma se entiende, que la persona recibe en su cuerpo las llagas de la pasión de Cristo, lo cual se verifica “únicamente” en personas que “merecen ser presencia amorosa de Dios en el mundo” y por ser un hecho del todo extraordinario la Iglesia no pretende servirse de ello para promover la fe o ganar adeptos, lo cual es atestiguado por el hecho de que quienes reciben este tipo de incisiones en su carne, primero no lo han querido, de tal forma que es un don; además han querido permanecer ocultos y solo se conoce de ellos, por el testimonio de innumerables personas que fueron testigos oculares y que lo han hecho manifiesto a la luz pública; y por último en el sentido de que la Iglesia siempre ha ido hasta el fondo del fenómeno, utilizando incluso la ciencia y su método para validarlo. Como tal el significado para el cristiano no debería ir más allá de ver en ello la condescendencia de todo un Dios que otorga a quienes él ha elegido participar de los mismos sufrimientos de Cristo y en ese sentido reflexionar acerca de lo que significa una fe viva, sustentada en un Cristo vivo, resucitado. Para entender un poco como se hace referencia a este tipo de fenómenos al interior de la Iglesia, sería bueno consultar (a modo de ejemplo únicamente) los siguientes documentos del Vaticano, los cuales dan garantía de seriedad referente al tema y en los cuales no se exalta en ninguna medida lo extraordinario del fenómeno, antes bien, se apela al ejemplo de vida de la persona a la que se hace referencia.

Jorge Hugo Herrera Tamayo

Seminarista II Filosofía - Asociación Sacerdotal San Pablo

UNA HISTORIA QUE DURA 59 AÑOS...Y MÁS

Hace 59 años, el 8 de febrero de 1959, el entonces obispo de Sonsón, Mons. Alberto Uribe Urdaneta, firmaba el decreto de fundación del Seminario de Cristo Sacerdote. Pero la historia no comenzaba allí. El nuevo seminario era la cristalización del sueño de un presbítero, preocupado por las vocaciones sacerdotales y en particular, por las vocaciones de aquellos que experimentaron el llamado en medio de la vida profesional, lejos ya de la adolescencia, etapa clásica de inicio de los estudios eclesiásticos. En efecto, Mons. Alfonso Uribe Jaramillo ideó el seminario no para responder a las necesidades de una diócesis, sino para atender a los requerimientos de personas para quienes era difícil encontrar una casa de formación. El seminario nació, pues, de la iniciativa de un presbítero, y no de un obispo, como se da en la mayoría de los casos. Por eso esta historia dura 59 años y más, ese más son los años previos de una idea que fue madurando, que contó con la participación de personas que concibieron y a acunaron esta institución.

El relevo generacional ha hecho que seamos nosotros hoy los que vivimos estos 59 años. Miramos hacia atrás con gratitud hacia los que han hecho posible que  hagamos parte de esta familia sacerdotal. La fidelidad que exige nuestra respuesta debe trascender los horizontes de las generalidades para materializarse en el cuidado por esta casa común que es hoy nuestro seminario. Y miramos al futuro con esperanza y responsabilidad. Son 59 años y más porque no podemos ser inferiores a nuestros mayores; tenemos desafíos en orden a la vida de la Iglesia y en particular de la formación sacerdotal, pero los que nos precedieron también los tuvieron, basta pensar en la reforma conciliar. Implementar la nueva Ratio, hacer que otros vengan también a este seminario y, sobre todo, vivir conforme al evangelio hace que podamos vivir 59 años y más…

 

Juan Bautista Alzate Arias. Pbro

 

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MIÉRCOLES DE CENIZA

Con la imposición de la ceniza iniciamos la Cuaresma, tiempo litúrgico que según el papa Francisco “Es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte” (Mensaje para la Cuaresma 2017), es decir, un momento para dejarse renovar y entrar en sintonía de cambio.

Ahora bien, el recorrido de cuarenta días que empezamos hoy y terminará antes de la Cena Pascual debe ser un momento propicio para volver a Cristo y reconocer que gracias a su Misterio Pascual hemos obtenido la gracia de la vida eterna; por ende, deseamos marcar nuestra frente con el signo de la ceniza, que significa propósito o deseo de cambio en nuestra vida, arrepentimiento, contrición, duelo, ayuno, penitencia y conversión. Todo esto se debe manifestar en nuestro proceder cotidiano, ya que descubrimos que nuestras acciones no son siempre las mejores como hijos de Dios.

Asimismo, la palabra de Dios nos sigue invitando a reconocer nuestro pecado y a tener un encuentro personal con el Señor, que nos sigue llamando a su amor y nos propone tres pilares para vivir un tiempo de cambio en nuestros días: ayuno, oración y caridad. En esta cuaresma, dejémonos tocar por aquel que nos ama con amor infinito, con corazón de Padre. Abramos nuestro corazón.

 

Brayan Stevens Mayorga Almeyda

Seminarista II de Filosofía

LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO

Fiesta de la Cátedra de San Pedro

     En la Iglesia celebramos el 22 de febrero la Fiesta de la Cátedra de San Pedro, pero  ¿De dónde surge esta fiesta? ¿Por qué la celebramos? ¿Qué significado tiene?

¿De dónde surge está fiesta?

     Esta fiesta se celebraba en Roma desde el siglo IV.  En este día se le daba una especial relevancia a la unidad de la Iglesia fundada sobre el Apóstol Pedro. (cfr. Liturgia de las horas. Tomo II).  Basada en las Sagradas Escrituras, la Iglesia celebra con alegría la declaración del Mesías cuando expresó: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y los poderes del infierno no la derrotarán” (Mt. 16,18).   En ese sentido, según liturgias muy antiguas occidentales, el 22 de febrero era el día "quo electus est 1. Petrus papa" (en el que Pedro fue elegido primer Papa). La misa de esta fiesta la llama al principio: " el día muy digno de alabanza porque el bendito Bar-Jona (hijo de Jonás),  por razón de su devota fe fue elevado a la preeminencia por las palabras del Redentor y por esta roca de Pedro se estableció la fundación de la Iglesia”. (Ecwiki. Enciclopedia católica on line).

 

¿Por qué la celebramos?

     La celebramos porque, como Iglesia nos unimos y reconocemos que el Cuerpo de Cristo, su esposa fiel, es una, y está íntimamente unida a su cabeza, que es el mismo Jesucristo, y éste designó al apóstol San Pedro para cumplir la gran tarea de ser piedra inquebrantable y de apacentar a sus ovejas.   Al respecto de esta fiesta San Juan Pablo II manifestó que "Esta festividad litúrgica (…) subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el 'ministerium petrinum', ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial".  (VIS - Servicio Informativo Vaticano).

   

¿Qué significado tiene?

     La importancia de esta fiesta se enfatiza en el hecho de que el 22 de febrero se considera el aniversario del día en que Pedro dio testimonio, junto al lago Tiberíades, de la divinidad de Cristo y fue de nuevo nombrado por Cristo como la Roca de su Iglesia.

    Por consiguiente, estamos todos los cristianos católicos, llamados a alegrarnos por la gran comisión que nuestro Señor Jesucristo encomendó a los hombres en la figura del Apóstol San Pedro, quien como dirigente tuvo la gran responsabilidad de enseñar desde su sede, como primer papa de la Iglesia.   Por esta razón, se le llama, igualmente “Cátedra” que significa “asiento o trono” porque desde ese sitio el papa enseña, predica, exhorta y guía, a la Iglesia Universal; y en un acto de veneración toda la Iglesia se une, en la sagrada liturgia, para exaltar la Cátedra del Apóstol San Pedro.

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