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Jornada cuaresmal en el oriente

 

En el marco de la Cuaresma 2018, nos disponemos a una jornada especial de reflexión y sensibilización pastoral con los niños y jóvenes de las instituciones educativas del oriente antioqueño, actividad que año tras año viene acompañando nuestro seminario y que tiene como objetivo fundamental propiciar un espacio de encuentro y conocimiento de la persona de Jesús, con el ánimo de prepararnos mejor para la celebración del misterio pascual en la semana santa.

La jornada cuaresmal de este año, se convierte en una oportunidad propicia para reconocer la sensibilidad especial que alberga el corazón de los niños y de los jóvenes y acudir a ellos no solo con razones suficientes que abarquen grandes contenidos doctrinales, sino con la fuerza que debe imprimir nuestro estilo de vida, al que hemos adoptado al hacer de Jesucristo nuestra opción fundamental. Serán nuestros gestos, nuestra actitud y cercanía un lenguaje elocuente para ellos, que les hable de la novedad de Jesús, que ofrece una vida plena y feliz. Es importante recordar, pues, que la sociedad actual, las nuevas generaciones, privilegian más lo que ven, que aquello que oyen; no en vano ha reiterado ya en varias ocasiones el Papa Francisco, que la fe no crece por proselitismo, sino por atracción.

De esta manera, el encuentro con los jóvenes y los niños en esta jornada cuaresmal, tiene que ser para nosotros un momento especial de gracia. El Señor que nos llamó, saldrá a nuestro encuentro en el rostro alegre y cándido de los niños, en la mirada retadora y el corazón soñador de los jóvenes, en la sonrisa de cuantos con atención nos escuchen, pero también en la indiferencia de aquellos a quienes poco interesa lo que digamos, ellos especialmente, serán no la causa de nuestro disgusto, sino el motivo para seguir creyendo que la obra de Dios no queda infecunda en el corazón de los hombres, y que no es la fuerza de nuestra palabra, sino la misericordia de Dios, que sabe cómo actúa en cada persona.

Será un día para invertir lo mejor de nosotros al servicio de la obra del Señor. En su nombre vamos a anunciar un mensaje siempre nuevo, seremos instrumento para que una vez más, el toque el corazón de los niños y de los jóvenes para invitarlos a soñar con ideales nuevos, para poner en su corazón un amor distinto, para darle a sus vidas una esperanza cierta, que no defrauda.

Con el pasar de las horas, la fatiga y el cansancio de una jornada extenuante, encontraran solaz en la certeza de que nuestro cansancio de hoy fue el descanso para muchos, que en nosotros pudieron escuchar la voz del Señor y experimentar la ternura de su amor que salva.

Hagamos de esta jornada cuaresmal 2018 una oportunidad para reavivar la alegría de nuestra vocación, que nuestras palabras y acciones tengan la fuerza del Espíritu, para que, movidos por él, podamos atraer a tantas personas con quienes nos encontraremos, para que se arriesguen a vivir, a la manera de Cristo.

Sebastián González Giraldo, seminarista IV de Teologia.

SAN JOSÉ, MODELO DE VIDA CRISTIANA

"José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto."  Mt 1, 19

En una solemnidad como la de hoy es esencial reconocer el valor y el papel de San José, no sólo como patrono de la Iglesia Universal tal como lo proclamó su Santidad Pio IX, sino como modelo de vida cristiana al identificarle como “hombre justo”.

Partamos del hecho que de San José no se sabe nada más que lo narrado por los evangelios, no hay una biografía escrita por los hombres, y lo descrito en la Sagrada Escritura se limita a definirlo como “justo”.

Esta justicia la podemos vislumbrar desde virtudes como: la humildad, la prudencia y la castidad, que conforman el modelo vivo de un Santo de Dios.

En primer lugar, la humildad es el signo que caracteriza a los bienaventurados de Dios, esta virtud es la condición esencial para contemplar el paraíso eterno. San José la ejerció de forma magnánima, al someter su entendimiento tras no comprender el misterio de la encarnación (Mt 1, 18), al obedecer prontamente a la voz del ángel que le invitaba a huir a Egipto junto con su Santa Esposa para librar el Divino Infante de las manos de Herodes (Mt 2,13), o al ser dócil al enviado del Señor, que tras la muerte de Herodes le invitaba a regresar a Nazaret su lugar de origen (Mt 2,19-23).

 De igual modo, podemos destacar en segunda instancia, la prudencia, virtud que hace que el hombre no se busque así mismo, sino que se encuentre en búsqueda permanente de la gloria de Dios. San José le llevó a cabo durante toda su vida, ya que es la misma prudencia la que le conduce a repudiar en secreto a su Santísima Esposa al verle en cinta (Mt 1, 19). Esta prudencia le lleva a ser silencioso y coherente, tal como lo afirma San Juan Pablo II: “El silencio de José posee una especial elocuencia: gracias a este silencio se puede leer plenamente la verdad contenida en el juicio que de él da el Evangelio: el «justo» (Mt 1, 19). (RC,17)”

 Finalmente, es fundamental centrar nuestra mirada sobre la castidad de San José, castidad que no se reducía al cuerpo, sino que trascendía a la memoria, al entendimiento, a la voluntad. Castidad que hizo de San José Padre del Divino Redentor y esposo de la Inmaculada Virgen María, pues Dios le prefigura en pureza y castidad total, para que así sea digno compañero, custodio y protector de la Sagrada Familia de Nazaret.

Es así como San José, aunque silencioso en palabras, con su elocuencia y su virtud obra profundamente en la vida de la Iglesia y de las familias cristianas. Por esta razón, les invito a vivenciar esta solemnidad como muestra viva de amor, para que a ejemplo de San José lleguemos a ser modelos vivos de justicia y santidad.

Seminarista Adenawer Londoño,II de Filosofìa.

EL BUEN PASTOR

El Buen Pastor

 

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas”. Jn 10, 11.

Cada año el IV Domingo de Pascua es el Domingo del Buen Pastor, y este año lo celebramos el 22 de abril. Se nos brinda una buena oportunidad para agradecer a Dios el haber enviado a nuestras vidas pastores que han participado en la misión de Cristo y de cuyas manos recibimos el alimento que contiene en sí todo deleite.

Pero antes de felicitar a nuestros pastores debemos preguntarnos ¿qué significa ser pastor?, ¿qué es ser sacerdote? Los pastores de la antigüedad no eran generalmente los dueños del rebaño. Sin embargo, se esperaba que ellos ejercieran el mismo cuidado y preocupación que los propietarios. Un pastor cuida de su rebaño de día y de noche, reúne a las ovejas en el redil durante la noche para protegerlas, listo para defender a sus ovejas del peligro. “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas”. Jn 10, 11- 13.

El sacerdote es un hombre tomado de entre los hombres para servir a los hombres, realizando una misión que supera toda capacidad humana en las cosas de Dios; acompaña y escucha, se puede encontrar en él consuelo, alivio para las penas y las fuerzas para seguir adelante. El sacerdote es otro Cristo y, como Cristo, también él se encuentra crucificado para que otros tengan vida.

Recordemos con gran cariño a los sacerdotes que han pasado por nuestra vida y han dejado una huella indeleble en la existencia de cada uno de nosotros, porque ellos han sabido ser como Cristo, "Buenos Pastores", cuidando de sus fieles, no limitándose simplemente a guiar, hablar y enseñar, sino que han llegado a dar su propia vida por cada uno. Pastores buenos, como lo son los auténticos padres, hermanos, amigos y compañeros que tenemos en nuestra vida. “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas”. Jn 10, 14 – 15.

Gracias a Dios, en nuestra Iglesia hay muchos sacerdotes santos. Y, como éstos, tenemos legiones enteras y miríadas de ejemplos. Los pastores son ordenados en este ministerio cristiano con el fin de que traten con las necesidades espirituales de las personas, enseñen y fortalezcan a los miembros de la iglesia, aconsejen y animen al crecimiento de cada uno de ellos en amor y servicio cristiano.

Son sacerdotes que, llenos de amor a Dios y a los demás, desgastan su vida en silencio y a escondidas, como la vela del Santísimo Sacramento que se consume de día y de noche en un continuo acto de amor y de adoración a Jesús Eucaristía.

Los sacerdotes también necesitan de nuestra oración y de nuestro apoyo, para que el Señor les dé a todos el don de la santidad y de la perseverancia en su vocación. Invito a que oremos también por las vocaciones a la vida sacerdotal o consagrada, para que el Dueño de la mies mande a su Iglesia muchos y santos sacerdotes según su Corazón: buenos pastores, como Jesús, “El Buen Pastor da su vida por sus ovejas”. Jn 10, 11.

Oremos de manera especial por los sacerdotes formadores del Seminario Nacional Cristo Sacerdote; pidamos a Dios que les conceda las virtudes necesarias para que puedan cumplir a cabalidad la misión que se les ha encomendado, de acompañar, guiar y formar a los vacacionados, para que alcancen su configuración con “Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote”, y lleguen a ser unos buenos pastores, que se preocupen por sus ovejas y den su vida por ellas.

Seamos agradecidos con Dios y luchemos juntos cada día por ser lo que debemos ser, buenos hijos, buenos padres, buenos trabajadores, buenos cristianos, buenos seminaristas, buenos sacerdotes, buenos pastores. Nada en la vida se consigue sin esfuerzo, y la experiencia religiosa no es la excepción. Sintámonos acogidos por el corazón misericordioso de Cristo resucitado, Buen Pastor. ¡Feliz día, pastores!

 

 

Fabio Enrique Durán Pinto

Seminarista III de Filosofía

EVANGELIO SEGÚN MARCOS

Este evangelio ha sido uno de los más importantes descubrimientos en la investigación crítica del Nuevo Testamento. Desde que al Evangelio de Mateo se le concedió un lugar preferente en la vida de la Iglesia, realidad acontecida de manera muy inmediata, el evangelio de Marcos pasó a un discreto segundo plano, pues se llegó a pensar que era simplemente un resumen de Mateo y Lucas. Esta posición cambió cuando, a comienzos del siglo XIX se planteó la hipótesis sinóptica, la cual intentaba explicar las semejanzas y diferencias existentes entre los tres primeros evangelios.

Muy pronto se llegó a la conclusión que Marcos era el más arcano y que tanto Mateo como Lucas, lo habían utilizado en la composición de sus respectivos relatos sobre Jesús. A partir de aquí, los estudios sobre Marcos han ido revelando la sorprendente riqueza y originalidad de este evangelio. Hay que considerar, entonces, que Marcos no sólo es el evangelio más antiguo, sino el que puso las bases para transmitir de una forma nueva los recuerdos sobre Jesús. La novedad y originalidad de Marcos, que todavía seguimos descubriendo, sólo se entiende bien cuando se conocen las tradiciones que éste utilizó, cómo las incorporó en su relato y cuál fue la forma final que dio a su obra.

La tradición identifica a Marcos, autor del evangelio, con Juan Marcos, sobrino de Bernabé, que acompañó a Pablo en sus viajes apostólicos (Hch 15,37-39) y que habría acompañado a Pedro en su predicación en Roma (1 Pe 5,13). Siendo este evangelio anterior a san Mateo y san Lucas; su fecha de composición suele situarse en torno al año 70 d.C., cuando todavía estaba en vida la generación apostólica.

El escrito se abre con las siguientes palabras: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (1,1). Estas contienen ya en sí mismas un avance de los que significa  evangelio (buena noticia) y de su contenido, que es la persona de Jesucristo Hijo de Dios. Este contenido teológico que inaugura la obra se ratifica en el relato de la pasión: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (15,39).Pbro. Jesús Antonio Ocampo

 

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