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EL REGALO MÁS HERMOSO ERES MADRE

El próximo domingo 14 de mayo, celebraremos en Colombia el día de las madres, y  en el corazón de muchos hogares surge la inquietante pregunta: ¿Qué le daremos a mamá? Es así como vemos, a un sin número de personas saltar a los centros comerciales y tiendas de distinta índole, para comprar algo digno de ellas. ¿Pero será que solo, un regalo, en una determinada fecha, alcanzará a demostrar lo que en realidad se merecen nuestras madres? ¿Acaso no será más significativo para sus vidas, demostrarle con nuestras propias acciones, que ellas mismas, son el regalo más valioso en el mundo? ¿No será más sobrecogedor para su corazón, manifestarle con nuestras propias palabras, que su amor es tan grande, verdadero y valioso, que se asemeja al corazón de Dios, en vez de enviarle videos por whatsapp? Puede ser, quizás, más valioso para ellas, reconocerle y agradecerles constantemente el don de su maternidad, sin el cual nuestra sociedad seria pobre y desahuciada. Es por esto, que damos gracias a Dios por todas las madres del mundo y les agradecemos ante todo, por ser el Sagrario de la Vida Humana.

¡FELIZ DIA MAMÁS!

LA ASCENSIÓN DE JESUCRISTO

Se ha recorrido un camino de gozo actualizando el misterio pascual de Jesucristo, el Hijo de Dios, que ha salido victorioso y vencedor de las tinieblas de la muerte al encuentro con su Padre, el Dios eterno; un camino que permea los sentidos y se hacen manifiestos ante una realidad tan inagotable, como lo es la Resurrección, que afecta todo el ser; un camino procesual que va llevando a una contemplación pura de esa figura, Cristo, exaltado por la gloria de Dios; un camino que teje un rostro amoroso de ese Dios que fue capaz de hacerse carne, que se entregó a una muerte de cruz por las culpas del hombre y que, invicto sale de la oscuridad de la muerte para permanecer con el género humano.

Una permanencia que ante la frágil humanidad asegura esperanza y una vida gloriosa en la presencia del Dios vivo, una permanencia que presupone, de ante mano, una categoría escatológica que fue advertida por Cristo durante las apariciones a sus discípulos como muestra de su resurrección y de la eficacia de su Palabra; una permanencia que se ve petrificada por el anuncio que hace Cristo de su regreso al Padre cuya impetuosidad queda circunscrita en la conocida y celebrada Ascensión del Señor Jesucristo, una solemnidad que pierde su sentido al tergiversar su central y profundo significado, es decir, no se trata de un alejamiento definitivo, ni de un irse y no regresar, ni de un abandono absoluto del resucitado.

Se trata, más bien, de un dejar y un alejarse del mundo con toda su “corrupción”, Cristo ya no pertenece a este mundo físico sino que debe regresar a la derecha de su Padre, debe retornar a Dios porque él es completamente de Dios; con su Ascensión, Cristo logra facturar nuestro total ser en la presencia de Dios, un alejamiento que debe reflejar felicidad ante el hombre y su consciente aceptación salvífica propuesta por parte de Dios, un alejamiento, que en palabras de Joseph Ratzinger, se trata de la permanente cercanía que los discípulos experimentan con tal fuerza que les produce una alegría duradera, (Ratzinger, 2016), una alegría que no conoce ocaso porque Cristo verdaderamente ha resucitado y está con la humanidad.

Es por eso, que la Ascensión del Señor no se entiende como una disipación del Hijo de Dios en un cielo inalcanzable y apartado sino como la segura posibilidad  que gracias a que Cristo está con el Padre, el género humano está cerca de él, y no un acercamiento momentáneo sino para siempre; esto presupone que la relación hombre-Dios se conjuga dentro de la fuerza del amor, que transforma un distorsionado alejamiento en un regreso al amor de Dios para conducir al hombre a la misma fuente, de la cual, toda la historia mistérico-salvífica se ha alimentado y de la cual los discípulos atestiguan en el momento de la Ascensión porque están seguros de esta nueva figura; Cristo como esperanza y nuevo poder dentro de ellos.

El Paráclito en la Iglesia

El Espíritu Santo es el custodio de la iglesia, todo lo que Jesús  realizó para fundarla, lo sostiene el Santo Espíritu sembrándolo en el corazón del hombre, por ello era necesaria su venida. Para santificarnos, el Paráclito otorga dones y carismas: los dones para crecer personalmente, los carismas para ayudar a nuestros hermanos, para colocarlos a disposición de la Iglesia.

No se puede comprender la pasión y la pascua del Señor sin el pentecostés en el corazón de cada persona, ya que Él es quien aviva y actualiza los Santos Misterios.

San Juan María Vianney

Cada hombre firma su santidad ejerciendo la vocación que el Señor le ha confiado. Por ejemplo, San Juan María Vianney ahondó en los misterios del sacerdocio, viviendo sin mesura su ministerio. Fue así como alcanzó la ventura del Reino Celestial. Él desgastó su vida anunciando la Buena Nueva en Ars, perdonando, en suma, siendo testimonio. Que este ejemplar hombre sea  motivación para trabajar por la santidad propia, desde nuestro estado de vida.

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