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EL DEPORTE EN EL SEMINARIO

El papa Pablo VI, dirigiéndose a una multitud de deportistas, reunidos en Roma para celebrar el jubileo de 1975, les decía: "La Iglesia, que tiene la misión de acoger y elevar todo lo que en la naturaleza humana hay de bello, armónico, equilibrado y fuerte, no puede menos que aprobar el deporte, sobre todo, si al empleo de la fuerza física acompaña el empleo de la energía moral, que puede convertirlo en una escuela magnífica de fuerza espiritual... Por eso nosotros los animamos a dar lo mejor que tengan ustedes en sus pacíficas competiciones, con la alegría y el entusiasmo propios de su edad juvenil".

Estas palabras del Papa Pablo VI reflejan el gran aprecio de la Iglesia por la práctica deportiva y su profunda convicción de que el deporte puede ser un ambiente propicio para la educación y el ejercicio de las virtudes. 

Es triste ver que en ocasiones los escenarios deportivos se han convertido en espacios donde se encarna y se propaga la violencia. Haciendo que esta hermosa actividad humana, que naturalmente se asocia con el juego, la recreación y el espectáculo, empiece a verse desde la lógica de la guerra, el desprecio por el otro y el interés económico. Los lamentables actos de violencia dentro y fuera de los campos de juego son el reflejo de una sociedad fanática y agresiva, que invita a imponerse sobre los demás por la fuerza y a cualquier costo.

Esta situación hace urgente recuperar el verdadero sentido del deporte como actividad humana y humanizante, que  permite expresar lo mejor de las personas: Valores tan importantes como la disciplina personal, la perseverancia en el esfuerzo, el respeto por el adversario, la lealtad con los compañeros y el trabajo en equipo. Estos son los valores que queremos ver todos los días en las canchas de nuestro seminario. Los torneos deportivos que hemos iniciado serán una gran oportunidad para la integración y el compartir, para estrechar vínculos de amistad y crecer en la apertura hacia los demás.

Pero no queremos excluir el carácter de competencia, ya que esta es una dimensión esencial del deporte. El deseo de vencer, de obtener un resultado satisfactorio es un elemento irrenunciable de la práctica deportiva. Es aquello que nos estimula y nos empuja a ser mejores. Solo cuando aceptamos el carácter de competencia, el deporte nos enseña a reconocer los propios límites y las cualidades de los otros, nos enseña a ganar y a perder, a mantener la cordura en la victoria y en la derrota. 

Participemos con alegría y entusiasmo de la fiesta del deporte. Que el Señor nos acompañe y aliente, que nuestro esfuerzo físico sea expresión de la búsqueda de valores más elevados, que podamos llegar a la meta y alcanzar la corona que no se marchita.  

 

 

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