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 El Seminario Cristo Sacerdote de La Ceja fue erigido canónicamente por decreto No. 103 del 8 de febrero de 1959, del entonces Obispo de Sonsón, Monseñor Alberto Uribe Urdaneta. La Conferencia Episcopal de Colombia lo declaró “Nacional” el 21 de agosto de l963, y el 25 de octubre de 1964 fue aprobado por la Congregación de Seminarios y Universidades. 

En la misma fecha en que fue expedido el decreto de creación se inauguró el seminario con siete alumnos, número que fue aumentando hasta completar catorce, que fue el total de alumnos con el que funcionó durante el primer año de labores, siendo Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo su fundador y primer rector (ver foto de la izquierda).

El nombre de “Seminario de Cristo Sacerdote” no fue escogido al acaso, sino que fue inspirado en la doctrina sobre el Misterio de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, que Monseñor Alfonso desarrolló ampliamente, y en el que centró su vida sacerdotal. Es propiamente un nombre programático, inspirador de una profunda renovación sacerdotal y fecundidad apostólica; de ahí también el lema que ha iluminado toda la vida y obra del seminario: “En alabanza del Sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo”.

Su finalidad inicial fue la de brindar una oportunidad de formación para el sacerdocio a quienes por razón de su edad no tenían la posibilidad de realizar su ideal sacerdotal en los seminarios comunes de esa época, en la que era necesario comenzar desde el seminario menor, a una edad no superior a los 15 años.

La conexión con Mons. Alfonso Uribe Jaramillo es un hecho muy conocido por quienes han seguido de cerca su historia. Él fue el inspirador, artífice, impulsor, primer rector y apoyo en todos los órdenes. No es fácil entender lo que es el seminario sin mirar la persona y pensamiento de Mons. Alfonso; nació el 6 de febrero de 1914 en Nariño (Antioquia); ingresó al Seminario Conciliar de Medellín en 1928 y recibió su ordenación sacerdotal en 1937; después de adelantar estudios de especialización en Teología en Canada se desempeñó como rector del Seminario, párroco de Sonsón (Antioquia), vicario general de la nueva diócesis de Sonsón-Rionegro; en 1963 fue elegido y consagrado obispo auxiliar de Cartgena hasta 1968, año en que fue nombrado obispo de Sonsón, cargo que desempeñará hasta 1993, muriendo pocos meses después de la posesión del nuevo obispo Mons. Flavio Calle, el 15 de julio del mismo año.

Cuando Mons. Alfonso realizaba su especialización en Canadá, conoció las dificultades por las que pasaba un aspirante al sacerdocio, especialmente cuando había llegado a la edad adulta, pues por aquel tiempo era casi necesario haber pasado por el seminario menor. Así, Mons. Alfonso concibió la idea de buscar la manera de obviar esta dificultad. Siendo rector del Seminario Mayor de Medellín, hizo una experiencia con un pequeño grupo de profesionales en una especie de seminario para ellos, dando como fruto la ordenación de una primera promoción de sacerdotes llamados de "vocaciones tardías".

Poco después de haber hecho esta experiencia en el seminario de Medellín, Mons. Alfonso fue nombrado párroco de Sonsón (una ciudad al sur de Medellín); se encontraba desempeñando este cargo cuando fue creada la diócesis con este mismo nombre, por lo cual quedó perteneciendo a esta nueva jurisdicción eclesiástica que tuvo como primer obispo a Mons. Alberto Uribe Urdaneta, quien nombró a Mons. Alfonso Uribe como vicario general, y apoyó su propósito de fundar en la diócesis un seminario para vocaciones de adultos.

El seminario en sus inicios fue una valiosa experiencia de vida familiar, de fe y de confianza; todo caminaba con elementos rudimentarios, empezando por la casa; las clases eran en el comedor, en los corredores de la casa, debajo de un árbol o en el "guadual" que se ha conservado como un testigo; las cosas, en su experiencia exterior, eran en miniatura y daban poca seguridad, pero interiormente estaba la fe de Mons. Alfonso en la providencia divina y la confianza de un pequeño grupo de hombres que sin mirar las apariencias emprendían la aventura de la vocación.

El fuerte estudio, la intensa vida espiritual y el incipiente apostolado había que combinarlos con el trabajo material: cultivo del huerto, cuidado de los jardines y prados, hasta la leña para el fogón porque el fluido eléctrico daba solamente para el alumbrado y el gas todavía no se conocía. Después sus primeros alumnos pensaron en las primeras construcciones y, porque el seminario era muy pobre, ellos mismos junto con los sacerdotes y las religiosas debieron colaborar en la preparación y transporte de los materiales, contribuyendo en gran medida al surgimiento de un gran cariño por esta obra.

El año siguiente, 1960, comenzó con 47 alumnos y la capilla ya estaba casi terminada. El seminario creció cada día más en su planta física, en número de alumnos y en esperanzas; en el principio fue necesario buscar prestadas casas religiosas vecinas para hospedar nuevos seminaristas, pues Mons. Alfonso en su generosidad nunca miró los cupos disponibles para saber cuántos seminaristas podía recibir.

El año 1963 tuvo un especial significado ya que cosechó sus primeros frutos: fueron ordenados los primeros sacerdotes formados en esta institución, un total de seis, de manos de Mons. Alfonso Uribe, once días después de haber sido él mismo consagrado Obispo.

 Sus frutos son más de 1000 sacerdotes dispersos por el mundo entero; ellos son un testimonio viviente del significado eclesial de esta obra, que continuará siendo alabanza y glorificación del sacerdocio de Cristo, al igual que instrumento de formación de sacerdotes según el corazón de Cristo.

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