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En las escarpadas montañas de Nariño, en Antioquia, en el descenso desde el páramo de Sonsón hasta las cálidas riberas del río Samaná, en una finca llamada La Balsa, nació el 6 de febrero de 1914 –hace 100 años- el que sería un gran pastor de la Iglesia, Alfonso Uribe Jaramillo. Sus padres, Pascual y Eugenia, se trasladaron a La Ceja donde el niño adelantó sus estudios en el Colegio de La Salle, antes de ingresar al Seminario de Medellín, para realizar la vocación sacerdotal a la que se sentía llamado. Desde el principio se mostró como un alumno brillante, disciplinado, de recia personalidad y una clara decisión vocacional. El 1 de noviembre de 1937, fue ordenado sacerdote por el arzobispo Tiberio de J. Salazar y Herrera; cantó su primera Misa en Sonsón y fue destinado para trabajar en el Seminario de Medellín. Más adelante en Canadá entre los años 1944 y 1945, adelantó estudios de especialización y doctorado en teología.

Fue nombrado Rector del Seminario Conciliar de Medellín en 1945 y años más tarde, Párroco de Sonsón y Vicario General de la nueva diócesis entre loa años 1954 – 1957. En 1959 fundaría el Seminario Cristo Sacerdote para vocaciones de adultos, en La Ceja, del cual fue rector. En 1963 fue nombrado Obispo Auxiliar de Cartagena. En 1966 reasumió la rectoría del Seminario y en 1968 fue designado Obispo de la diócesis que desde entonces se llamó Sonsón-Rionegro. Pastoreó en ella hasta 1993, con admirable celo pastoral, sólida espiritualidad y extraordinaria capacidad y visión para crear las obras que la Iglesia necesitaba para su misión: los seminarios; la Universidad Católica de Oriente; y varias comunidades de Religiosas.

Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo fue el hombre llamado por Dios para cultivar y aprovechar de modo especial la riqueza vocacional de la Diócesis a favor de otras Iglesias particulares. Él comprendió bien su misión y se dedicó a ella con todas las fuerzas de su ser. Así nacieron el Seminario “Cristo Sacerdote” de la ceja, el seminario “Cristo sacerdote” de Yarumal, el Seminario Diocesano “Nuestra Señora” de Marinilla, el Seminario Misionero del Espíritu Santo, que cristalizó la solicitud por todas las Iglesias de los Obispos de la entonces provincia Eclesiástica de Medellín.

A la par de los seminarios nacieron las asociaciones sacerdotales “Regina Apostolorum”, “Siervos del Espíritu Santo” y “San Pablo”, para orientar y coordinar los servicios de los sacerdotes, que provenientes del territorio Diocesano o de otras regiones, se incardinaban al presbiterio de Sonsón-Rionegro.

Monseñor Alfonso “todavía sigue vivo, lo expresa Monseñor Ricardo Tobón, aquí todo habla de él; esta parcela del Señor se alimenta todavía de su memoria, de sus enseñanzas y de su acción pastoral”. Su vida, obra y escritos se resumen en el epitafio esculpido en su tumba: “Movido por el Espíritu Santo, glorificó el Sacerdocio de Jesucristo”.

Dos amores fueron la razón de su ministerio: el Sacerdocio de Cristo, a cuya glorificación dedicó su vida; y la profunda convicción de que es el Espíritu Santo el que mueve a la Iglesia, la santifica, la enriquece con toda clase de dones y la lanza al mundo a anunciar el Evangelio. La Renovación Carismática Católica que impulsó con decisión y sabiduría y a la que dedicó muchos de sus libros, fue en el último periodo de su vida una maravillosa fuente de espiritualidad y de acción pastoral.

Murió el 15 de julio de 1993 y fue sepultado en la Basílica de Nuestra Señora del Carmen de La Ceja, a donde muchos llegan para implorar su intercesión.

 

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